Los bancos centrales difícilmente cambiarán su postura hasta no ver que los precios que normalmente presentan mayor rigidez en su movimiento desciendan.


En la narrativa actual de los mercados hay una coincidencia interesante sobre la expectativa de inflación hacia el 2023; en general, todos esperan que se reduzca de manera sustancial.

Hay evidencias importantes que colaboran a esta percepción; sin embargo, esto apenas ha ayudado a los mercados a estabilizarse y no a recuperar rendimientos.

La señal relevante, me parece, tiene que ver con la baja de la inflación, sobre todo la subyacente, y la respuesta que pueden tener los bancos centrales; eso nos garantiza al menos el cierre de este año y tal vez todo el primer semestre del próximo de aguas inciertas que no permitirían generar mucha tracción en el tema de los rendimientos en los mercados.

La mayoría de los indicadores adelantados que se usan para predecir la inflación de bienes señalan con mucha evidencia un cambio de tendencia y en algunos casos un descenso desde hace algunos meses.

La distorsión en el mercado de bienes generada por la pandemia que provocó un alza desmedida de precios parece haberse enfriado. Los indicadores que mostraban el estancamiento en la cadena global de suministros descienden al igual que los costos de transportación.

Los negocios parecen intentar rehacer inventarios; en el tema de la inflación de bienes, quizás el Índice de Precios al Consumidor sea el último eslabón donde se verán tales reducciones (hasta ahora se han manifestado de manera muy marginal).

Por otro lado, la presión en los precios de la energía ha descendido. A pesar de los intentos de la OPEP para reducir la producción de barriles diarios de crudo, la política norteamericana ha logrado estabilizar el precio del petróleo y, más importante, reducir el precio de la gasolina.

En Europa, las medidas que han adoptado los países de la zona euro para intensificar la construcción de inventarios de gas han permitido que el precio haya descendido de manera importante a pesar de la continuidad de la guerra en Ucrania.

Las estimaciones se han corregido como le decía. En Estados Unidos, la inflación anual general que hoy se ubica en 8%, tiene una expectativa de entre 4 y 4.5% para el 2023.

Entonces ¿se acabó el problema?, no. Hay señales conflictivas que inyectan mucha incertidumbre al asunto como para acabar de entusiasmar a los inversionistas globales.

En primer lugar, hay un traslado en el repunte de la inflación hacia rubros que tardan en actualizarse: la inflación de servicios, de rentas comerciales y muy en especial de salarios, sigue creciendo.

La inflación subyacente, aquella a la que se le restan los rubros de precio volátil como la energía y los alimentos, ha seguido creciendo y se ubica en un preocupante 6.5% anual.

El mercado laboral en Estados Unidos, en especial, parece aun no ajustar. A diferencia de otras regiones, la economía norteamericana sigue creando empleos y su tasa de desempleo se ubica en mínimos. El crecimiento de los salarios sigue siendo un factor relevante y se mantiene en ascenso.

El ingreso disponible de las personas no ha caído y por ende el consumo se mantiene resistiendo el embate del aumento de tasas que solo se refleja con saña en el sector inmobiliario.

Por último, las señales geopolíticas no son agradables. Los eventos de la semana pasada abren un panorama de enfrentamiento político y económico entre China y Estados Unidos.

La merma del comercio global, la regionalización de que se habla, la beligerancia en otros temas (Taiwán, Rusia, etc.) no colaboran a la credibilidad del combate sobre la inflación.

Lo que va a pasar en los próximos nueve meses es que, muy probablemente la inflación general va a descender y no así la inflación subyacente; es posible incluso que ésta última sea mayor que la primera.

Por lo tanto, el descenso que se visualiza tendrá un efecto sordo en los mercados globales.

Los bancos centrales difícilmente cambiarán su postura hasta no ver que los precios que normalmente presentan mayor rigidez en su movimiento también desciendan, eso será difícil de ver en el cierre de este año y durante varios meses en el 2023.

Solo cuando los inversionistas crean que efectivamente las alzas en las tasas que siguió aplicando la Reserva Federal de Estados Unidos funcionaron para cambiar el panorama por completo de inflación, entonces podríamos ver una situación de distensión en el mercado de bonos; esa no se presentará solo por los descensos que todos ya vislumbramos.

 

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Esta columna se publica semanalmente en el periódico El Economista, en versión impresa y online.

https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Como-entender-la-baja-de-la-inflacion-del-2023-20221026-0136.html

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Rodolfo Campuzano
Director General de INVEX Operadora | INVEX Banco
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