Ya conoce la historia de las últimas dos semanas. La Fed quitó la expectativa de un viraje en su postura de restricción y la información muestra una tendencia hacia un crecimiento muy débil. En todo este contexto el dólar se ha fortalecido contra la mayoría de las monedas desde principios de agosto, menos contra el peso mexicano. Sí, leyó bien. Tratemos de ubicar este fenómeno.


Primero veamos lo que pasa con el dólar. La expectativa y los niveles de tasas cambiaron mucho después del discurso de la Fed. Ya no existe la idea, plasmada en las cotizaciones de futuros de la tasa de fondos federales anteriormente, de una posible baja en el próximo año; asimismo, las tasas de largo plazo repuntaron con algo de violencia la semana pasada. La tasa del bono del Tesoro a 10 años aumentó cerca de 30 puntos base y se ubica en niveles poco sospechados hace un par de meses cercanos al 3.30 por ciento.

A la idea de una Fed que será más rígida en su política de intento de freno de la inflación, lo que implica subir los réditos lo que sea necesario y no considerar el costo de la desaceleración económica; se añaden cifras que muestran que, al menos hasta ahora, la situación de crecimiento es menos crítica en Estados Unidos que en el resto del mundo desarrollado.

En Europa la crisis de energía continúa en una fase aguda. La afectación sobre los indicadores de crecimiento es notoria, no solo en la parte de la disminución de la actividad de producción en la industria y en el sector de servicios, sino también en la confianza de los consumidores. Este jueves se espera que el Banco Central Europeo (BCE) aumente las tasas de interés en 75 puntos base y mantenga el discurso de privilegiar el ataque a la inflación por encima de consideraciones hacia el deterioro del crecimiento.

Por su parte, en China ha vuelto a intensificarse el número de localidades con restricción de movilidad a raíz de contagios de Covid. La actividad económica en China sigue descendiendo debido a esta anomalía; tanto el ritmo del consumo interno como el de las exportaciones han sufrido a raíz de estas medidas. El Gobierno intenta aportar soluciones, entre ellas hacer bajar su tasa de interés a niveles mínimos de los últimos cinco años.

Mientras tanto, en Estados Unidos las cifras de empleo de agosto registraron de nuevo un aumento mayor al anticipado; aunque hay señales de un mercado laboral tal vez más apretado, la fase es mucho menos critica que en otras regiones. También se observa que los índices de percepción de la industria y el sector de servicios se mantienen en zona de expansión.

Tasas más elevadas y posiblemente mayor crecimiento que en otras regiones fortalecen al dólar. Desde el 1 de agosto el Yen se ha devaluado 7.84% contra la moneda verde, la Libra Esterlina 5.96%, el Euro 3.49%, el Renminbi de China el 3.26 por ciento. Prácticamente todo el espectro de monedas en Asia, Europa y Latinoamérica se han devaluado contra el dólar, con excepción del peso, que se ha revaluado en el mismo lapso en 1.1 por ciento.

¿Qué sostiene al tipo de cambio? Como ya le he dicho en otras ocasiones, no es la narrativa política local ni los graves problemas de inseguridad los que le marcan tendencia al peso. Es la potencia de los flujos de recursos y es también la situación privilegiada de ser el receptor de inversión en este nuevo juego de desglobalización junto con, claro está, las enormes tasas de interés que pagamos.

En las últimas semanas supimos que las exportaciones de autos crecen 17% a tasa anual (representan poco más de una tercera parte de la exportación de toda la manufactura), también que las remesas alcanzaron en agosto, por segundo mes consecutivo un monto de más de 5,000 millones de dólares (56,000 millones en los últimos 12 meses); por último, lo atractivo del famoso carry trade (tomar prestado en dólares y comprar deuda en pesos) ha hecho que haya un monto importante de recompras de bonos M por parte de extranjeros.

México no necesita dólares; más bien tiene un flujo positivo consistente y paga una tasa de interés atractiva que podría seguir subiendo; tiene pocos problemas estructurales con relación a sus pares (al menos en Latinoamérica) y la economía está enchufada a la región que decrece menos, por decirle de alguna manera.

En un contexto muy adverso, la moneda mexicana luce como la “menos dañada”. Mientras la narrativa sea la misma, persista la diferenciación de Estados Unidos contra otros desarrollados y no haya episodios fuertes de aversión al riesgo, no suena razonable apostar en contra del peso.

 

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Esta columna se publica semanalmente en el periódico El Economista, en versión impresa y online.

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Rodolfo Campuzano
Director General de INVEX Operadora | INVEX Banco
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