Muchas cejas levantadas ha generado el reciente rally del peso. No solo se ha mantenido estable en un contexto sumamente adverso para los mercados, sino que ha ganado terreno frente al dólar.

Ya hemos dicho en numerosas ocasiones que la estabilidad del tipo de cambio del peso frente al dólar responde a factores fundamentales en México que existen desde hace muchos años (y que este gobierno no ha alterado). Pero no se equivoque, la fortaleza reciente no se debe a que dichos factores positivos hayan mejorado; sino más bien a la distorsión de variables en los mercados financieros.

Ya se lo adelantaba a finales de abril: “En un contexto inflacionario, el objetivo de los bancos centrales deberá ser lograr una moneda suficientemente fuerte para reducir el impacto de los aumentos de precios a nivel global. En el caso de México, me parece que hacia allá vamos: hacia tasas de 9.0% y un premio elevado contra las tasas de interés en el exterior; si las condiciones son las adecuadas no se sorprenda de ver al peso fuerte,…” (Mercados cambiarios: la otra guerra, El Economista, 28 de abril del 2022).

La situación es esta:

  1. No hay una mejora de las cuentas externas, más bien hay un leve deterioro con la ralentización de la fuerza de las exportaciones;
  2. Tampoco hay una mejora importante en la inversión extranjera donde el principal componente sigue siendo la reinversión de utilidades;
  3. No hay una aceleración en las remesas que provienen del exterior, más bien hay la expectativa de que reduzcan su ritmo a la par de la desaceleración de la economía norteamericana;
  4. No hay un crecimiento mayor, más bien hay la sensación de que se avecina un freno;
  5. No hay una idea de riesgo país mejor;
  6. No hay una mejora en las finanzas públicas, más bien un deterioro marginal contra el presupuesto gracias al enorme pago del subsidio a los energéticos y el programa antiinflacionario.

Todos estos son deterioros marginales. No hablamos de la ausencia de flujos positivos de dólares hacia México en el corto y mediano plazos; ni la necesidad de dólares para financiar deudas o pagar desbalances.

Lo que hay es simplemente que, ante tales deterioros marginales, México paga una tasa de interés muy jugosa, en especial contra sus contrapartes. Si se trata de los Estados Unidos, sólo reflexione y voltee para atrás: el banco central mexicano ha duplicado su tasa de interés en un espacio de un año, por su parte el banco central en Norteamérica apenas ha subido dicha tasa en 75 puntos base hasta ahora.

La diferencia de tasas es enorme y por supuesto que juega a favor del peso; en especial porque en todas las condiciones que le enumeré no se vislumbran catástrofes y todavía nos pintan como la una de las economías emergentes con más salud financiera. Agregue a lo anterior las disrupciones para invertir en emergentes como Rusia y China que se han generado recientemente y ya tiene completa la explicación.

A la Junta de gobierno del Banco de México no le debe molestar que haya este movimiento de fortaleza del peso. Si se trata de aplicar una política restrictiva, un peso sobrevaluado es un elemento más de tal restricción, sería impensable hablar de control de inflación con un tipo de cambio volátil y una expectativa de alza.

¿Dónde se ajusta la economía? Ya lo hemos comentado antes, por el lado del crecimiento. Así seguramente le pasará a la economía de los Estados Unidos ahora que la Fed comenzó con una política restrictiva que promete (hasta ahora) que va a ser muy dura; así también será de este lado, tal vez la inflación baje y tal vez el tipo de cambio dure varios meses con este comportamiento que a muchos sorprende, pero el crecimiento está descendiendo y así lo harán las utilidades en los negocios y el nivel de empleo. La revaluación del peso en esta ocasión, lamentablemente, no acarrea buenas noticias.

 

https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Por-que-el-peso-tan-fuerte-20220601-0118.html


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Rodolfo Campuzano
Director General de INVEX Operadora | INVEX Banco
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