Tal vez ya se dio cuenta que el euro está en su menor nivel de los últimos cinco años (€1.07 por dólar). De hecho, una de las tendencias más interesantes que genera la convergencia de los múltiples choques y distorsiones que enfrenta la economía mundial en este momento es un súbito y poderoso fortalecimiento del dólar.

Hay otra guerra en curso en el mercado cambiario en donde la pugna entre políticas monetarias divergentes no parece sostenible.

En los momentos posteriores a la crisis financiera del 2008, se puso en boga el concepto de la guerra de divisas, cuando los bancos centrales en el mundo desarrollado decidieron reducir sus tasas al mínimo y aumentar sus balances (recomprar bonos) en una franca postura de relajación monetaria. En aquel entonces resultó ser un gran negocio para las corredurías globales tomar dinero barato en dólares e invertirlo en monedas que pagaban una tasa mucho más alta, entre ellas el yen, el real brasileño y nuestro peso (a estas operaciones se les conoce como de carry trade).

Tal vez no lo recuerde, pero entre 2009 y 2011 nuestras autoridades acumularon reservas comprando dólares para evitar una revaluación mayor (eran las épocas del dólar a 11 pesos).

En estos momentos la divergencia en la postura de distintos bancos centrales es grande. Vayamos parte por parte.

Lo que comentamos más es la incursión que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) está por hacer en una política de fuerte restricción monetaria. Se anticipa que en un espacio de menos de un año elevará las tasas de interés que hoy son de 0.25% a niveles entre 3.25 y 3.5 por ciento. Más aún se anticipa una reducción del balance (retiro de liquidez a través del vencimiento o venta de bonos en su poder) también acelerada.

Veamos las contrapartes: en China, las autoridades se mantienen en una línea de reducir la tasa y ampliar las facilidades de crédito, es decir, siguen surtiendo de liquidez a su sistema.

Los confinamientos y el riesgo de una ralentización fuerte de su crecimiento han hecho que las autoridades permitan una devaluación del yuan de 4.4% entre el inicio de marzo y el día de hoy; eso es importante, solo ha ocurrido una vez en la historia desde que China decidió cotizar su moneda en los mercados internacionales en el 2005.

En Japón, el yen se ha devaluado 11.8% en el mismo período; la situación en ese país asiático es distinta pero también divergente.

El banco central de Japón se sostiene en el objetivo de lograr una inflación de 2% cuando hoy es de -2 por ciento. Ello implica que continúa con una agresiva expansión de su balance y una política de tasas de interés extremadamente bajas.

En Europa, hay expectativas de que el Banco Central Europeo haga también una restricción, pero son expectativas más moderadas que las que se plantean para las acciones de la Fed por el hecho de que la guerra en Ucrania puede aún provocar un derrumbe en el crecimiento mayor.

Hoy sigue vigente la posibilidad de un embargo de energía con Rusia, las autoridades no pueden darse el lujo de “atacar” a la inflación con semejante amenaza.

Los movimientos cambiarios son, al final de cuentas, elementos que colaboran a la restricción o relajación de las condiciones monetarias en un país.

China y Japón buscan mantener la competitividad de sus productos y su actividad económica; en Estados Unidos un dólar más fuerte ayuda a la Reserva Federal en el intento de control de la inflación; en Europa por el contrario, el Banco Central Europeo enfrenta un claro dilema, pero su mandato no incluye una cláusula que lo obligue a defender el crecimiento.

Por lo pronto, como en cada momento de crisis el dólar se revalúa. El índice DXY que compara al dólar con un grupo de 25 monedas está en su nivel máximo de dos décadas; pero aún podría seguir subiendo.

Entre las décadas de los 70 y 90 el valor de dólar relativo a otras monedas fue mucho mayor. Si la divergencia entre las políticas monetarias se mantiene y el entorno inflacionario se prolonga, no dude en ver al euro debajo de la paridad o a otras monedas devaluarse más.

Varios mercados emergentes han adelantado un fuerte incremento en sus tasas de interés no solo para combatir la inflación sino para “defender” el valor de su moneda.

Hay la posibilidad de que vuelva a haber operaciones de carry, de hecho, las hemos visto, pero para que funcionen se necesita que las monedas de los países receptores de recursos sean estables.

En un contexto inflacionario, el objetivo de los bancos centrales deberá ser lograr una moneda suficientemente fuerte para reducir el impacto de los aumentos de precios a nivel global. Para ello se necesitan tasas de interés atractivas.

En esta ocasión la competitividad vía una devaluación que beneficie a los exportadores puede resultar en un ambiente de mayor inestabilidad de precios.

En el caso de México, me parece que hacia allá vamos: hacia tasas de 9% y un premio elevado contra las tasas de interés en el exterior; si las condiciones son las adecuadas no se sorprenda de ver al peso fuerte, puede que ahora sea una buena señal, al menos para defendernos de la inflación que se genera en el exterior.

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Esta columna se publica semanalmente en el periódico El Economista, en versión impresa y online.

https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Mercados-cambiarios-la-otra-guerra-20220427-0129.html

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Rodolfo Campuzano
Director General de INVEX Operadora | INVEX Banco
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