En este espacio he mencionado que la estructura financiera de México aún es sana. Pésele a quien le pese, las finanzas públicas se han mantenido razonablemente equilibradas.

La guerra en Ucrania ha descompuesto el panorama económico y financiero en el mundo. Usted ya lo sabe: el incremento desordenado de los precios de los energéticos y otros bienes básicos, la cada vez más lejana expectativa de una inflación descendente a partir de abril, el impacto directo sobre la actividad económica en el sector industrial y lo que ambos factores afectarán finalmente al consumo.

Estas son las consecuencias que se pueden intuir rápidamente. Pero nos enfrentamos a un fenómeno sin precedentes; nunca en la historia se habían activado sanciones tan rudas y un intento de aislamiento económico y financiero tan marcado contra ningún país, digamos relevante.

Por no tener precedentes tampoco se sabe cuál va a ser su desenlace, ni cuánto tiempo tomará, ni cuáles pueden ser sus secuelas.

Hay quienes piensan que la lejanía del conflicto y la ausencia de una postura clara pueden mantener aislado a México de los efectos dañinos. Hay quienes piensan también que por la voluntad del gobierno de subsidiar el precio de la gasolina para que no suba en la misma proporción a lo que ha subido el precio en mercados internacionales, saldríamos bien librados.

No hay tal cosa. Somos una economía preponderantemente industrial, que va a resentir los efectos de los elevados costos de los insumos y la prolongación de las interrupciones en la cadena de suministros a nivel global.

La estructura de apertura comercial y el vínculo con la economía norteamericana son una virtud, pero no nos excluyen de algunos problemas.

En muchas ocasiones en este espacio he mencionado que la estructura financiera de México aún es sana. Pésele a quien le pese, las finanzas públicas se han mantenido razonablemente equilibradas (una discusión que se sale del propósito de esta nota es si la utilización de los recursos es la más conveniente).

También, se ha respetado la autonomía del Banco de México para que decida combatir a la inflación y cumpla con el propósito establecido de no financiar el gasto de gobierno con emisión de dinero. Tratándose de estructuras que no son nuevas y que siguen mostrando su eficacia, podemos seguir diciendo que en materia financiera este gobierno es muy “conservador”.

Como le decía, tal estructura no nos libra de sufrir las consecuencias del deterioro mundial. Ya lo estamos viendo con la inflación. Al mes de febrero la inflación de los últimos 12 meses es de 7.28%, no la habíamos experimentado desde el año 2000. La parte subyacente, quitando los aumentos de energía y agropecuarios, es de 6.6%, la más alta también en 20 años.

El Gobierno ha dicho que subsidiaría el precio de las gasolinas, pero la inflación no se concentra en esos precios. Las mercancías no alimenticias también suben más de 7% en el último año. Los alimentos, bebidas y tabaco lo hacen en más del 9 por ciento.

La presión de precios podría moderarse con tal subsidio que podríamos suponer que en algún momento se trasladaría al de las tarifas eléctricas (el costo de generación también está subiendo), pero implica un deterioro de las finanzas públicas que esta vez puede ser notorio.

¿Cerraremos el año con un déficit fiscal creciente? Pues vea: Los altos precios del petróleo benefician poco por la menor producción y la reducción de derechos, habrá que subsidiar a la gasolina y tal vez la luz, el costo financiero de la deuda tenderá a ser mayor a lo planeado, la recaudación será difícil de cumplir con el presupuesto por el bajo crecimiento y por una bastante menor de recaudación de IEPS en combustibles.

Un crecimiento menor al anticipado, un deterioro en las finanzas públicas y una elevación, posiblemente más fuerte, de las tasas de interés no describen precisamente un aislamiento de los problemas que vive el mundo. Describen, por el contrario, una economía muy dependiente de las circunstancias y con poca capacidad de generar crecimiento desde su interior.

Un último comentario: Es posible que el dólar suba poco, y que nos lo presuman. Pero la relativa estabilidad de la moneda está condicionada por el pago de un mayor premio y de un año de muy bajo crecimiento. Ahí es donde residen los mecanismos de ajuste en la estructura financiera que tiene el país y que este gobierno no ha modificado.

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Esta columna se publica semanalmente en el periódico El Economista, en versión impresa y online.

https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Ni-tan-aislados-20220309-0115.html

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Rodolfo Campuzano
Director General de INVEX Operadora | INVEX Banco
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