La anticipación de acciones contundentes por parte de las autoridades provoca que muchos consideren que para el 2023 la inflación habrá descendido al menos a un nivel que perdería relevancia.

No podemos escribir de otra cosa que no sea sobre el futuro de la inflación y las tasas de interés. En los mercados el punto de preocupación se reduce al tema inflacionario. Los inversionistas saben que con el conflicto en Ucrania o sin él, los retornos en los mercados estarán determinados a lo largo del año por la ubicación de las tasas y el resultado del combate a la inflación elevada que han comenzado a hacer los bancos centrales alrededor del mundo.

Centraremos la idea en este intento de contención. La semana pasada mencioné que me sorprende la ecuación de complacencia de los inversionistas en relación con la inflación esperada.

La anticipación de acciones contundentes por parte de las autoridades provoca que muchos consideren que para el 2023 la inflación habrá descendido al menos a un nivel que perdería relevancia. Vea usted: la inflación en Estados Unidos es de 7.5% hasta el mes de enero; la subyacente, que excluye precisamente la energía y los alimentos es de 6 por ciento. Se trata de la inflación registrada en los últimos 12 meses.

Ahora bien, para el cierre del año, es decir, en los meses comprendidos entre diciembre del 2021 y diciembre del 2022 la inflación esperada en consenso por los analistas económicos es de 4.5%; bastante menor.

La inflación subyacente esperada es de 4 por ciento. Es importante porque es esta inflación la que sigue la Reserva Federal para determinar la inercia de mediano plazo del aumento de precios.

Van a pasar dos cosas en los próximos meses. Una es que se anticipa un efecto estadístico que va a empujar a la baja a la inflación general. Hace un año, en el primer trimestre del 2021 se experimentaron fuertes aumentos en los precios de algunos energéticos, en especial el petróleo, el gas y las gasolinas. Los inversionistas consideran que el aumento a partir de abril no será de la misma magnitud, ello reduce la inflación anual en automático al quitar del cálculo un mes con gran aumento y sumar otro con menor crecimiento de precios.

Otra cosa que se espera es que se sigan diluyendo las restricciones al flujo de mercancías, que desaparezcan poco a poco las disrupciones en la cadena de suministros que se provocaron durante la pandemia. Ello también implicaría aumentos menores en los precios hacia delante.

El razonamiento es importante. Si los inversionistas esperan que la inflación baje sustancialmente en un período corto de tiempo, debieran considerar que los aumentos de tasas en plazos mayores a tres años no deberían ser tan necesarios.

Eso es lo que parece suceder ahora, las curvas se aplanan. Los inversionistas reconocen que en un espacio de dos años las tasas de corto plazo serán mucho mayores.

El bono a dos años al 1.5% con la tasa a un día al cero es una evidencia irrefutable. Sin embargo, la tasa de un bono del Tesoro a 10 años apenas se ubica en 2%, eso lleva implícito una percepción de control de la inflación muy rápido.

Sin embargo, el entorno no pinta a ser amigable para lograr ese descenso. Los precios de los bienes básicos tienen de nuevo una racha enorme y generalizada, provocada en parte por la crisis en Ucrania, pero también por las acciones de los productores, en especial en el caso del petróleo.

Al interior de Estados Unidos hay subíndices que aún no ajustan sus precios de manera significativa, en especial la renta de los hogares o la categoría de vehículos usados.

Existe una fuerte presión en el mercado laboral en donde hay costos mayores de contratación de personal y un aumento progresivo de salarios. Asimismo, hay un nivel de consumo que no afloja (ayer se publicó un aumento de 3.8% mensual en las ventas al menudeo en Estados Unidos).

La gente en Norteamérica tiene ahorros o ingresos elevados y sigue demandando muchos bienes, en especial si considera que en el futuro los podría adquirir a un mayor precio.

Vuelvo a concluir que la lucha por revertir la presión inflacionaria podría terminar prolongándose y ello puede dar lugar a sorpresas aún más adversas en el ambiente de tasas de interés.

Como le decía la semana pasada, la carga de riesgo es grande. No está claro que el punto de inflexión en donde la percepción cambie a una de control de la inflación esté cerca.

Las próximas semanas continuará el debate y seguramente la represión de retornos en todas las clases de activos. Se viene mucha volatilidad y definiciones muy interesantes en la economía y los mercados.

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Esta columna se publica semanalmente en el periódico El Economista, en versión impresa y online.

https://www.eleconomista.com.mx/opinion/El-punto-de-inflexion-20220216-0117.html 

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Rodolfo Campuzano
Director General de INVEX Operadora | INVEX Banco
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