Entre los augurios que se planteaban al inicio de la actual administración el principal sin duda era la de una trayectoria de devaluación del peso. Hoy en día no podemos afirmar que se trata de una sorpresa; no es producto de la casualidad; hay razones importantes que le dan solidez a la moneda y hay algunas otras circunstancias que están resultando favorables en estos momentos.

 

Al describir estos factores, es probable que le suenen repetidos los argumentos. En cuanto a las nuevas circunstancias, vale la pena darle una visitada a lo que significan y los números que están arrojando; veamos:

La administración ha conservado la prudencia desde el punto de vista fiscal. Es muy criticable la orientación del gasto a un esquema de reparto, los recortes de presupuesto a agencias u organismos públicos, la concentración en proyectos que reflejan poca utilidad, y quizás en mayor medida la terca disciplina en el momento más álgido de la pandemia que representó un costo en muchas vidas.

Sin embargo, el equilibrio fiscal no muestra una ruptura desordenada. El crecimiento del déficit público y del nivel de endeudamiento no han sido suficientes para que se diera una cadena de descensos en la calificación de la deuda.

Por otro lado, se ha respetado la autonomía del banco central, a pesar de la influencia del gobierno en la nominación de los integrantes de la junta de gobierno. El Banco de México ha ejercido su facultad de elevar las tasas tanto como se tiene que hacer para controlar un impulso de inflación, que no es único en México, pero que aquí pudiera tener matices de mayor arraigo.

En estos aspectos podemos hablar de un gobierno que no alteró el manejo financiero prudente que se hizo en otras administraciones; mas aún podemos decir que en este aspecto seguimos teniendo una política bastante neoliberal y muy conservadora.

Por lo tanto, no debería sorprendernos ver la fortaleza del peso contra el dólar en una coyuntura en donde se elevaron las tasas de interés y se sostuvo la disciplina fiscal. El ajuste de la economía, como en otras ocasiones se ha dado en la fuerza de la recesión como lo constatamos con la caída de más de 8% en el 2020 y el letargo para salir de la pobre trayectoria de crecimiento.

Recuerde que, desde hace muchos años, casi desde que Banxico es autónomo, los ajustes ante choques externos se dan a través de un descenso en el crecimiento no en una espiral de devaluación – inflación.

Otro aspecto que ha sido positivo es la negociación y consolidación del acuerdo comercial con Norteamérica. La retorica del gobierno a veces parece agresiva en contra de dicho tratado, pero pocas veces se concreta en una amenaza directa; por lo menos hasta ahora.

Por todo ello no es sorpresivo observar una moneda estable. México no necesita dólares para financiar déficit ni externo ni de finanzas públicas; al contrario, la potencia de los flujos, en especial de las remesas ha sido un elemento que ha aportado gran estabilidad, lo mismo podemos decir del elevado volumen al que ha crecido nuestro comercio con Norteamérica que significa cientos de miles de millones de dólares.

Ahora bien, la coyuntura se ha vuelto favorable. El contexto geopolítico está cambiando velozmente y la pugna por la hegemonía ha generado un proceso de reversa en la tendencia de globalización que estuvo vigente los últimos 30 años.

Una de las consecuencias es el fenómeno conocido como el nearshoring. En pocas palabras esto significa el traslado de fuentes de producción que se concentró en países lejanos y poco amigables bajo el argumento del menor costo posible, a lugares cercanos y amigables en donde el criterio es asegurar el abasto de bienes intermedios y o de producción final, lo cual implica también la cercanía de los inventarios.

México es un privilegiado por mantener un vinculo tan estrecho con Norteamérica y por ello está resultando beneficiado de tal reubicación. Las cifras de la Inversión Extranjera Directa de poco más de 32 mil millones de dólares entre enero y septiembre, que se reportó la semana pasada dan evidencia de lo anterior. Ahí hay otra fuente de flujos positivos de dólares adicional a la que ya registran las remesas y la inversión de cartera que al ver las condiciones favorables del país ha renovado con fuerza la inversión en bonos en pesos emitidos por el gobierno.

Un cambio de circunstancias hacia una mayor debilidad de esos flujos cambiaria la dirección del tipo de cambio contra el dólar. Por ahora no se visualiza. En términos de inversión pienso que hay que aprovechar las jugosas tasas de interés en pesos ante la idea de una devaluación que se ve poco probable.

 

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Esta columna se publica semanalmente en el periódico El Economista, en versión impresa y online.

https://www.eleconomista.com.mx/opinion/El-pivote-del-Banxico-20221109-0114.html

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Rodolfo Campuzano
Director General de INVEX Operadora | INVEX Banco
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