Entre riesgos geopolíticos y fragilidades sectoriales – Semanal capitales.
Entre riesgos geopolíticos y fragilidades sectoriales – Semanal capitales.
Durante la semana previa, el conflicto en torno al Estrecho de Ormuz continuó influyendo de forma directa sobre los mercados y en sentimiento global de riesgo. Los ataques a embarcaciones, las amenazas iraníes de mantener restricciones al tránsito y la suspensión temporal de envíos por parte de algunas petroleras y comercializadores provocaron un alza significativa en los precios del crudo, que alcanzaron sus niveles más altos desde 2022.
La situación ha elevado la prima de riesgo en los mercados energéticos y reavivado preocupaciones inflacionarias a nivel global, mientras gobiernos y navieras evalúan mecanismos para garantizar la seguridad del transporte marítimo en la región. En este contexto, los mercados financieros comienzan a incorporar la posibilidad de que una disrupción prolongada en uno de los principales corredores energéticos del mundo altere tanto el equilibrio de oferta en el mercado petrolero como las perspectivas de crecimiento económico global y de inflación.
La preocupación por el impacto inflacionario se ha visto ya reflejado en las tasas de interés. De acuerdo con el CME Group, la expectativa de recortes en la tasa de referencia de Estados Unidos, por parte de la Reserva Federal, implícita por los mercados actualmente es de uno solo para 2026, con lo cual se ubicaría en un rango de 3.25% – 3.50% al cierre del año. En INVEX, mantenemos la expectativa de dos recortes en 2026.
En los mercados accionarios, los episodios de tensión geopolítica suelen provocar una rotación clara hacia sectores defensivos como consumo básico y salud. Sin embargo, el comportamiento del mercado en el contexto del conflicto actual ha sido distinto. Mientras el sector energético ha reaccionado al alza, como cabría esperar ante riesgos para el suministro de crudo a nivel global, el capital también ha fluido hacia compañías tecnológicas, al tiempo que los tradicionales refugios han mostrado retrocesos. Desde el inicio del conflicto, el S&P 500 ha registrado movimientos moderados, pero los sectores de cuidado de la salud y de consumo básico han caído -6.56% y -5.13%, respectivamente. En comparación, el sector tecnológico ha sido el segundo sector con mejor desempeño en Estados Unidos en lo que va de marzo, con un retroceso de -1.18%. Este comportamiento refleja una ruptura del patrón típico de rotación defensiva observado en crisis geopolíticas previas.
Parte de la explicación radica en que el mercado ya había comenzado a posicionarse en sectores defensivos antes del estallido del conflicto, ante la incertidumbre generada por la disrupción potencial de la inteligencia artificial y las valuaciones elevadas del sector tecnológico. Para cuando comenzaron los ataques contra Irán a inicios de este mes, muchos de esos sectores ya se encontraban relativamente saturados en términos de posicionamiento.
Además, tanto el sector de consumo básico como el de salud enfrentan desafíos estructurales que trascienden el entorno geopolítico. Tomemos como ejemplo, dentro de salud, aseguradoras como UnitedHealth Group o Humana que lidian con una combinación particularmente compleja de factores: presiones regulatorias crecientes sobre el programa Medicare Advantage, un aumento sostenido en los costos médicos y mayor utilización de servicios por parte de pacientes (especialmente adultos mayores) tras la pandemia. A esto se suma la normalización del programa Medicaid, luego del proceso de redeterminación de elegibilidad que comenzó el año pasado. Este proceso ha provocado salidas relevantes de afiliados y una mayor volatilidad en la base de asegurados para compañías con alta exposición al programa, como es el caso de Centene.
En el caso de consumo básico, este sector ha presentado obstáculos durante el último año en un entorno en el que los consumidores continúan ajustando su gasto tras varios años de inflación elevada. A esto se suma una demanda más débil en algunas categorías de snacks y alimentos procesados, así como cambios en hábitos de consumo asociados a nuevas tendencias de salud y bienestar. Todo esto contrasta con un sector tecnológico que, a pesar de las dudas y los cuestionamientos, continúa mostrando elevados ritmos de crecimiento en utilidades.
Por otro lado, aún dentro de salud y consumo básico, existe un factor común entre aquellas emisoras que han resistido mejor la volatilidad, y es su mayor exposición al mercado estadounidense, lo que limita el impacto de disrupciones globales en cadenas de suministro o costos energéticos.
En el mismo sentido, el sector financiero continúa sufriendo, siendo este el sector con el peor desempeño de la semana previa con un rendimineto de -3.44%. Las primeras señales de tensión en el mercado de crédito privado comienzan a hacerse visibles tras varios años de expansión acelerada del sector. Fondos especializados que crecieron apoyados en flujos provenientes de inversionistas individuales enfrentan ahora un incremento en solicitudes de redención, obligando a los gestores a limitar los retiros o a vender activos para generar liquidez. Un caso reciente es el del fondo insignia de Cliffwater, que recibió solicitudes de salida por cerca de 14% de su capital en el trimestre, aunque sólo podrá atender aproximadamente la mitad de esos retiros en el corto plazo. El fenómeno refleja un cambio en el apetito por riesgo de los inversionistas minoristas, un segmento que durante los últimos años se convirtió en una de las principales fuentes de crecimiento para la industria y que también ha beneficiado a los grandes gestores como Apollo Global Management, BlackRock, Blackstone y Blue Owl Capital.
El nerviosismo se ha extendido más allá de los propios fondos, afectando tanto las valuaciones de los gestores como otros segmentos del mercado crediticio. Paralelamente, bancos como JPMorgan Chase han comenzado a revisar su exposición al sector y a endurecer ciertas condiciones de financiamiento, en un contexto en el que el crédito bancario a instituciones financieras no depositarias, categoría que incluye a los fondos de crédito privado, ha crecido significativamente durante la última década. Si bien hasta ahora no existen señales claras de un problema sistémico, el episodio y el ajuste en las valuaciones dentro del sector ponen de relieve la vulnerabilidad potencial de un modelo que depende cada vez más de capital minorista para sostener su ritmo de expansión.
En el mercado local, el S&P/BMV IPC retrocedió -2.47% en la semana. Entre las emisoras con mayores caídas destacaron CUERVO (-9.2%), KOF (-6.7%) y SIGMA (-6.3%).
Si bien los fundamentales corporativos continúan mostrando resiliencia en varios sectores, el tono de los mercados ha comenzado a reflejar una mayor sensibilidad frente a nuevos focos de riesgo. La persistente tensión en Oriente Medio, el debate sobre la sostenibilidad del ciclo de inversión en inteligencia artificial y las primeras señales de estrés en segmentos como el crédito privado han contribuido a un cambio hacia una postura de mayor cautela entre los inversionistas. Por ahora, tanto el desenlace como el alcance final de estos acontecimientos permanecen inciertos.
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