Perspectiva Mensual Marzo 2021

INVEX Análisis

ECONOMÍA

Ajustamos al alza nuestro estimado de crecimiento para Estados Unidos en 2021 de 4.0% a 5.0%. Los indicadores más recientes han sorprendido por su buen desempeño, el proceso de inmunización se ha acelerado y no descartamos más paquetes de ayuda fiscal. En cuanto a México, la lenta aplicación de las vacunas, el débil comportamiento de la inversión y el paro temporal en la producción industrial registrada en el norte del país son elementos suficientes para mantener nuestro estimado de crecimiento del PIB en 3.5%.

Con excepción del empleo, la mayoría de los indicadores económicos de Estados Unidos han sorprendido positivamente. La producción manufacturera crece a un ritmo de expansión mayor al previsto. La capacidad utilizada de la industria continúa al alza y ya no tan alejada de los niveles pre-pandemia. Asimismo, el PMI manufacturero oscila alrededor de máximos y es poco probable observar una corrección fuerte en este indicador.

En el sector residencial, los permisos de construcción repuntaron a su nivel más alto desde 2006 (1.88 millones de unidades anualizadas) y, a pesar de la volatilidad en los inicios de casas, éstos han aumentado significativamente. De igual manera, en parte por el incremento en la demanda de viviendas ubicadas fuera de las grandes aglomeraciones, las ventas de casas nuevas y existentes también han crecido más de lo esperado.

En la medida en que un mayor número de personas se vacuna en Estados Unidos (al cierre de esta edición, la agencia de noticias Bloomberg estimaba un total de 75 millones de dosis administradas en dicho país), los sectores más castigados por la pandemia se recuperarán de forma importante. Con base en información reciente, las ventas de tiendas departamentales (que en gran medida requieren la presencia física de las personas) aumentaron 23% entre diciembre y enero. De igual forma destacó el avance cercano a 7% mensual en el consumo de alimentos y bebidas en establecimientos.

En general, a pesar de los débiles datos de empleo, el crecimiento de los siguientes trimestres será mayor gracias al mejor control de la pandemia en Estados Unidos, país donde el número de casos de coronavirus, las hospitalizaciones y las defunciones por COVID-19 han retrocedido de forma importante. De hecho, es muy probable que muchas personas consigan trabajo en lugar de seguir cobrando beneficios por desempleo en cuanto la situación se los permita.

En resumen, ajustamos al alza nuestro estimado de crecimiento para el PIB de Estados Unidos en 2021 de 4.0% a 5.0% gracias a un mejor comportamiento de los principales indicadores de actividad. Hacia adelante, no descartaríamos más ajustes al alza en este estimado, sobre todo si el Gobierno acuerda más paquetes de ayuda fiscal con el Congreso y adelanta el retiro de medidas de confinamiento.

Ante el anterior escenario se observará una mayor presión inflacionaria, así como un aumento en las expectativas. A pesar de lo anterior, mientras los principales indicadores de precios no se disparen de forma significativa, la Reserva Federal no modificaría su postura de política monetaria, al menos no durante los siguientes meses.

En cuanto a México, la recuperación será impulsada por un sector externo más dinámico. Por otra parte, no ajustamos al alza nuestro estimado de crecimiento para el PIB de 2021 debido a que el proceso de vacunación aquí es muy lento, la reactivación de la demanda interna se mantiene relativamente estancada y el panorama para la inversión y la construcción es negativo.

Hasta no detectar que la actividad repunte gracias a un mejor control de la pandemia en México, nuestro estimado de crecimiento se mantiene en 3.5%. Más si consideramos los recientes paros en la producción a raíz de la efímera crisis de oferta de gas natural en el norte generada por las heladas en el sur de Estados Unidos.

Si bien nuestro pronóstico de crecimiento no se altera, sí modificamos la cifra de inflación esperada para 2021 de 3.75% a 4.00% por el reciente incremento en las cotizaciones de algunas materias primas (principalmente petróleo y gas natural).

TASAS Y TIPO DE CAMBIO

En febrero vimos una considerable alza en las tasas de largo plazo en dólares. El principal factor que lo provocó fueron los creciente temores con relación a la inflación en el futuro previsible. En México, la presión proporcionalmente mayor en la parte larga de la curva de rendimientos; la tasa del Mbono de 10 años cerró en niveles alrededor 6.25%. Banxico bajó la tasa de referencia con una decisión unánime, pero hay dudas con relación a un nuevo recorte por un escenario que está cambiando radicalmente.

En febrero vimos una considerable alza en las tasas de largo plazo en dólares ante lo que se vislumbra como una recuperación económica muy sólida, ante datos económicos de coyuntura muy robustos; lo cual ha dado como resultado un incremento en las expectativas de inflación basados en los fuertes aumentos en insumos, energéticos. El alza de las tasas de largo plazo norteamericanas generó un ajuste de importancia en los mercados globales (tasas y tipos de cambio). La persistencia de estímulos monetarios, así como fiscales, que han aplicado la FED y el Gobierno Norteamericano; así como un proceso de vacunación que va mucho más rápido de lo esperado han contribuido al mayor optimismo económico.

El principal síntoma generado por la fuerte tendencia de alza es el considerable incremento de las tasas de interés reales en dólares que pasaron de (-) 1.03% a (-) 0.70%, durante el mes. El movimiento de la tasa real marca la exigencia de un premio o compensación por el riesgo inflacionario mucho mayor. Sin embargo, el movimiento fue demasiado violento durante y sobre todo en la segunda parte del mes. El empuje de las tasas reales llevó a que el bono del Tesoro con vencimiento a 10 años cerrara el mes en 1.45%, 38 puntos base más que el cierre del mes previo. Esto a pesar de que el Presidente de la Reserva Federal dejará claro ante el Senado que no está cerca de empezar la normalización de la política monetaria y que serán muy flexibles con relación al desempeño de la inflación.

En Europa, esperamos que el Banco Central acelere el ritmo de las compras de papeles para neutralizar el endurecimiento de las condiciones financieras, la expectativa es que no haya cambios en las tasas, sino hasta entrado el 2025. Es probable que el BCE adopte un objetivo de inflación simétrico del 2%. En el aspecto fiscal, el mercado considera la potencial aprobación de un estímulo por 750 mil millones de euros, que proporcionará apoyo a los países más afectados por el virus.

En México vimos en la primera quincena de febrero una inflación de 3.84% a tasa anual, con un componente subyacente presionado por el aumento en la parte de mercancías, sobre todo en las alimenticias. Días antes a este reporte, Banxico decidió bajar la tasa de referencia, ya que considera que la inflación desde octubre al cierre de enero ha bajado y que las expectativas de mediano y largo plazo en la variación de los precios al consumidor se mantienen estables. Asimismo, la Junta de Gobierno consideró que, aunque se verá un incremento de la inflación en el segundo trimestre, hacia el cierre del año la tendencia inflacionaria se aproximará al objetivo.

Los miembros de la junta advirtieron en la minuta de política monetaria que los beneficios de una postura más laxa son cada vez menores y que esta puede traer consecuencias no deseadas para la estabilidad financiera. Situación que se empezó a registrar en la segunda mitad del mes donde la presión fue muy alta para las tasas de interés. La tasa del Mbono de 10 años aumentó 65 puntos base y se ubicó alrededor del 6.25% y el diferencial con las tasas en dólares se ubicó cerca de los 480 puntos base.

En parte, el mercado atribuyó esta situación a la política monetaria ultralaxa aplicada por parte de Banxico, así como las presiones en los precios de los energéticos como gas y petróleo, dada la coyuntura climática en Texas y el Norte de México; aderezada por la declaración del Secretario de Hacienda con respecto a dar en las próximas semanas una nueva ayuda a PEMEX, con el consecuente impacto en las finanzas públicas. De cara el futuro previsible consideramos que, aunque las tasas se pudieran estabilizar, los niveles ya no volverán a bajar y las valuaciones no serán lo suficientemente atractivas, derivado de un balance de riesgos sesgado al alza.

El tipo de cambio peso-dólar se ubicó por arriba de los $20.90 al cierre del mes de febrero. La salida de flujos por parte de inversionistas extranjeros ante los movimientos de las tasas en dólares ha acumulado un saldo negativo cercano a los 30 mil millones de pesos tan solo en las últimas tres semanas. Por lo que se justificaron tales movimientos en el cambiario.

El peso fue la moneda más afectada entre los mercados emergentes. Los factores que ya mencionamos, como la política monetaria laxa, el episodio de la escasez de gas y el peligro de un ajuste más violento en los mercados de deuda global se combinan para tener hoy en día este nivel de la cotización del dólar. Las posibilidades de una recuperación más sólida de lo esperado en Estados Unidos están cambiando la percepción con respecto a la valuación del dólar, misma que pudiera repuntar de concretarse el escenario positivo.

BOLSAS

Febrero resultó un buen mes para las bolsas apoyado en una retórica que no ha cambiado: los inversionistas se mantienen entusiastas sobre la recuperación económica y las implicaciones positivas para los resultados de las empresas; sin embargo, el optimismo perdió fuerza hacia finales del mes, ya que comienza a preocupar la importante alza en las tasas de interés de largo plazo. En México, el S&PBMV IPC se unió a esta tendencia y opera cercano a 44,600 unidades.

En febrero, el S&P 500 ganó 2.6%. Durante el mes tocó máximos históricos que no logró sostener. Por su parte, el Nasdaq subió 0.9%, el Stoxx Europe 600 un 2.3% y el índice MSCI de mercados emergentes 0.7%.

El índice global MSCI que incluye mercados emergentes (ACWI) subió 2.2%, el sector energía es una vez más el principal ganador con un alza de 12.7% en el mes, que responde al movimiento de alza en el precio del petróleo por la expectativa de recuperación en la demanda.

La rotación hacia sectores rezagados sigue como catalizador de las bolsas: energía, que perdió (-) 31.5% en 2020, gana 14.5% este año; el sector financiero, que cayó (-) 6.1% el año pasado, sube ahora 6.7%. También sectores que ya en 2020 dieron rendimientos positivos mantienen la tendencia: servicios de comunicaciones avanza 6.2% en 2021, a pesar de la ganancia de 22.2% el año pasado.

Existe un soporte importante para los mercados de capitales que se permea en la mayoría de los sectores; con la premisa de una recuperación económica y la permanencia de medidas de estímulo monetario que inyectan liquidez y favorecen a la renta variable. Sin embargo, esta última parte de la ecuación comienza a cambiar, al menos en la percepción de los inversionistas, que anticipan presiones inflacionarias y han hecho elevarse a las tasas de interés de largo plazo.

Sin duda este es un riesgo para las bolsas; pero, el presidente de la FED sigue siendo enfático en que aún no cambiarán las políticas del organismo. Y si bien otro factor que podría revertir el movimiento positivo de la renta variable está en un plan de estímulo fiscal en EE.UU. menos agresivo al anticipado; su aprobación en la Cámara de Representantes da más certeza de que pueda concretarse. Con ello, prevalece un escenario favorable para la renta variable.

La temporada de reportes corporativos ha incidido en el desempeño de las bolsas. Las utilidades del S&P 500 siguen debilitadas: en el 4T20 cayeron cerca de (-) 6% (AaA), aunque contrastan de manera favorable con la baja de (-) 30% del 1S-20. Más aún, cerca del 80% de las emisoras de la muestra superó lo esperado en este campo.

En terreno local, el S&PBMV IPC subió 3.7% en el mes. Sólo la mitad del referencial operó con ganancias. pero el fuerte movimiento de emisoras con importante peso como GMEXICO (alza del cobre) y CEMEX (buen reporte y guía positiva para 2021) detonaron su comportamiento. Mantiene una ganancia de 1.2% en el año.

La temporada de reportes trimestrales fue mixta con respecto a lo esperado, pero confirma una tendencia de recuperación que parece sostenible de cara a 2021. En ello se soporta nuestra estimación para el S&PBMV IPC al cierre del año en 48,500 unidades. La menor tasa de referencia de Banxico no ha desatado demasiado valor, ya que ello se ve contrarrestado por una prima de riesgo que refleja un lento control de la pandemia, debilidad de las finanzas públicas, la situación en PEMEX y el escaso crecimiento, entre otras.

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